Hay un instante en los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026 en el que todo se detiene, en el que la competencia termina y el esfuerzo de años encuentra su recompensa. Es el momento en que las y los deportistas suben al podio, reciben su medalla, miran hacia las tribunas y buscan a sus compañera/os, a sus entrenadora/es, a sus familias. Suena el himno del campeón, se levantan las banderas y aparece Capi, la mascota oficial de los Juegos. Las autoridades entregan los premios, hay sonrisas, lágrimas, abrazos y fotos que quedarán para siempre.
Es la imagen que todos ven. Pero para que esa escena exista, aunque dure apenas unos minutos, hay un equipo que trabaja mucho antes y mucho después. Un grupo que casi nunca aparece en la foto, pero que está detrás de cada detalle: el equipo de Protocolo encargado de llevar adelante las ceremonias de premiación de los Juegos Suramericanos Santa Fe 2026 en Rosario.
Y la dimensión de ese trabajo se puede medir en números: el cronograma de competencia registra más de 140 instancias de premiación en la ciudad, con más de 1.000 medallas previstas, distribuidas a lo largo de los distintos días de competencia y en escenarios muy diferentes entre sí.
No hay dos ceremonias iguales. Algunas se realizan en el gran ámbito del Fan Fest, frente a una multitud. Otras ocurren apenas termina una competencia, en el mismo escenario deportivo donde los atletas acaban de darlo todo. Hubo y hay podios en el Hipódromo, en la ex Rural, en el Centro Acuático Provincial, en el Invencible Rosario, en el Patinódromo y en distintos espacios donde la lógica de la competencia obliga a adaptar cada detalle.
Y detrás de todas ellas está el mismo objetivo: que para las y los deportistas ese momento sea perfecto.
Un equipo para cada momento
Sofía Sánchez, directora de Protocolo, conoce perfectamente lo que significa estar frente a un podio. No solamente por su responsabilidad en los Juegos, sino también por su propia historia como deportista olímpica, panamericana y suramericana de natación artística.
Durante Santa Fe 2026, esa experiencia se puso al servicio de una estructura que debió adaptarse permanentemente. Junto a ella, hay un gran grupo humano local que la acompaña: Carina Bora, Gabriela Santamaría, Etel Sánchez, Alejandra Surraco, Néstor Luciano Núñez, Solange Girard, Nair Betsabe Pérez Olivi y Raquel Abud.
“Tuvimos que armar muchos equipos porque algunos deportes terminaban muy tarde o estaban fuera del parque”, explicó la melli Sánchez. Y cuando el cronograma cambiaba, el equipo también. Hubo deportes que inicialmente tenían prevista su premiación en el Fan Fest y que, por cuestiones de programación, espectáculos culturales o bandas, debieron trasladarse a otros escenarios. Eso significó reorganizar equipos, sumar personas y volver a coordinar horarios.
“Tuvimos que llamar a nuevos equipos de premiación y todos dijeron que sí”, contó Sofía. La respuesta fue siempre la misma: estar disponibles. “Siempre se pusieron la diez, siempre ayudaron con todo. Las premiaciones salieron espectaculares todas”, destacó.
La frase resume una de las claves de un trabajo que exige organización, precisión y, sobre todo, capacidad de reacción. Porque cuando termina una competencia no siempre se puede esperar. El deportista que acaba de ganar una medalla tiene que saber adónde ir, quién lo acompaña, cuándo sube al podio, quién entrega cada reconocimiento y cuál es el orden de la ceremonia. Y todo eso debe suceder casi sin que el público note el movimiento.
Voluntarias y voluntarios, piezas fundamentales
En esa maquinaria hay protagonistas silenciosos que resultan imprescindibles: las y los voluntarios. Protocolo organizó grupos específicos de trabajo y llegó a manejar grupos comunicacionales para cada equipo de premiación y para los sectores VIP. La estructura se armó de acuerdo a las necesidades de cada disciplina y podía crecer considerablemente cuando se trataba de competencias por equipos.
“No lo podríamos haber hecho sin los voluntarios, porque son un diez”, sostuvo Sofía, e insistió: “Sin ellos no se puede llevar a cabo la premiación”.
Es que son quienes reciben, acompañan, ordenan, indican, acercan y esperan. Los que conocen el protocolo de la ceremonia y están atentos a que nada falle cuando llega el momento de que los deportistas ocupen su lugar.
La cantidad también habla de la magnitud del operativo. Dependiendo de la disciplina y de si se trata de una prueba individual o por equipos, una ceremonia puede requerir hasta 17 voluntaria/os sobre el escenario.
La misma emoción, escenarios diferentes
Hay algo que el equipo de Protocolo buscó mantener durante todos los Juegos: que cada deportista recibiera el mismo reconocimiento, independientemente del lugar donde hubiera competido. “Tratamos de hacerlas todas similares, a pesar de los escenarios deportivos, que obviamente cambian la lógica”, explicó Sofía.
No es lo mismo premiar ante miles de personas en el escenario principal que hacerlo pocos minutos después de una competencia en una sede deportiva. Pero la emoción es la misma. Porque para quien sube al podio no importa si alrededor hay una multitud o si la ceremonia se desarrolla en un rincón del escenario deportivo. Esa medalla representa años de entrenamiento, viajes, sacrificios, derrotas y sueños. Y ahí aparece nuevamente el equipo que hace posible que ese instante tenga la solemnidad que merece.
Las banderas que también cuentan una historia
Entre todos los protagonistas de las premiaciones hay un grupo que se convirtió en una de las postales de los Juegos: los cadetes del Servicio Penitenciario de la provincia de Santa Fe.
Impecablemente vestidos, con sus uniformes celestes y los colores de la bandera, acompañan las ceremonias con las banderas de los países que llegan al podio. Llegan desde Santa Fe, cumplen con largas jornadas y vuelven una y otra vez durante los Juegos.
“Quiero agradecer infinitamente a los cadetes del Servicio Penitenciario de la provincia de Santa Fe. La imagen de la premiación con ellos, con ese uniforme espectacular que tienen, y además siempre súper predispuestos”, expresó Sofía.
Su trabajo también tiene algo que excede la ceremonia. “Vienen desde la mañana hasta la noche, desde Santa Fe, y siempre con la mejor cara. Vinieron todos los días, nunca nos fallaron. Realmente son excepcionales”, agregó.
Para la atleta, además, hubo un vínculo personal que se fue construyendo durante los Juegos: “Conocí personitas porque son chicos, mayores, obvio, pero chicos y chicas. Siempre con buena onda. Me encantó conocerlos. Y nos ayudan en todo”.
La foto que queda
Cuando las luces se encienden y las y los deportistas suben al podio, todo parece sencillo. Tres lugares, tres medallas, tres banderas, un himno, una foto. Pero detrás de esa imagen hay personas que llegaron mucho antes, que organizan equipos, que coordinan grupos, que modifican horarios, que trasladan ceremonias, que esperan hasta tarde, que acompañan a voluntarias y voluntarios y que están atentas a cada detalle.
Son las que hacen posible que la o el campeón pueda vivir su momento. Y quizás ahí esté una de las grandes historias que dejan estos Juegos en Rosario: la emoción que se ve arriba del podio también tiene un equipo detrás.
Un equipo que no recibe medallas, que no escucha su himno y que casi nunca aparece en las fotografías. Pero que estuvo ahí, en cada ceremonia, para que miles de deportistas pudieran tener uno de los momentos que más van a recordar de sus carreras.

